No sé porqué, pero ahí yo me encontraba; sola frente a un pequeño río que pasaba de manera tranquila, dejando escuchar el agua que llevaba. Por alguna extraña razón se veía limpia, muy azul, no cristalina pero sí lo suficiente para adjetivarla como limpia. No había nada al rededor, solo pasto y un árbol verde, muy verde, junto de mí. No sé porqué no me senté, ya llevaba bastante tiempo ahí, creo que solo contemplaba el agua pasar. Me sentía un poco melancólica, no sé a ciencia cierta en qué estaba pensando, ni qué me estaba pasando pero seguramente reflexionaba acerca de mi estado de ánimo. De repente, pasó algo extraño: un pequeño pato, manera muy graciosa meneándose de un lado a otro en su caminar, se acercó a mí, se paró junto y nos quedamos viendo por un momento. Seguramente fue cuestión de segundos, pero mientras analizaba lo extraño y un poco cómico de la situación, sentí que fueron varios minutos; seguramente si alguien hubiera tomado una foto de aquél momento, hubiera quedado un cuadro muy gracioso. Finalmente me agaché hacia él, como esperando que me dijera (sí, el pato) qué hacía allí, junto a mí, parado con su cara simpática y de ingenuidad. Conforme me agachaba noté que tenía algo amarrado a su pata izquierda. Era un pedazo de papel enrollado. Me senté. Amablemente el patito dejó que tomase la nota y, pasado el acto, se despidió de mí con un simpático y sencillo 'Cuac'.
- Qué educado pato.- Pensé. Aunque pensándolo bien, no habría sido por amabilidad, sino simplemente porque los patos hacen 'Cuac', no me podía decir "Hola" o "Adiós", así que con su natural línea de conversación, vi cómo se iba meneándose de un lado a otro por el verde campo.
Desenrollé el pedazo de papel, asumiendo que era para mí, puesto que no había nadie más en el lugar. Mientras descubría el mensaje que contenía el papel, pensaba: - Un pato mensajero. Qué manera tan extraña de enviar una carta. - No sabía si decidirme entre original o bizarro. No tenía idea de quién pudiera hacer algo así.
Llena de anticipación, estiré la hoja de papel para leer el mensaje. La pequeña nota, leía lo siguiente:
"Cuac."
'Cuac'. Era todo. No decía más. Entonces, lo supe. Solamente una persona podría haber escrito eso.
Aunque aparentemente era una simple palabra, si es que siquiera se puede definir como palabra, detrás tenía un mensaje entero; un libro completo; un poema, una canción. Un sentimiento. Solamente se me podía ocurrir una persona en todo el mundo que pudiera elegir un patito para entregarme un mensaje que decía un sola cosa y todo un mundo de palabras a la vez.
Mi melancolía, mi tristeza, mi estupidez. Todo se iba lentamente, muy lentamente. Ahora ese 'Cuac' ya no sonaba a algo que diría un pato; ahora era enérgico, alegre, lleno de ganas. Era un mensaje de ánimo y de apoyo. De repente se convirtió en un 'Todo va a estar bien', en un mensaje de amistad, de esperanza, se convirtió en un 'Te amo'.
¿Porqué había estado tan preocupada? ¿Porqué había dejado que la incertidumbre de lo desconocido me afligiera? ¿Qué no es eso parte de la vida? Aún a distancia, se puede sentir, se puede oler, se puede palpar y se puede respirar. En la histeria de la muchedumbre, una soledad vacía. El sentirse solo, incluso estando acompañado es una de las tristezas más grandes del mundo. El saber que alguien está ahí, incluso cuando no lo está, es indefinible. Incomparable. Inexplicable. Es extraordinario.
Decidí encontrar mi camino de regreso a donde sea que fuese a regresar. Realmente no sabía a dónde iba yo, o qué clase de camino estaba buscando, así que solo me dispuse a mover las piernas y caminar. Durante mi recorrido pensé en todo lo que acababa de pasar: el pato, la nota, el 'Cuac'. Mi sentimiento iba creciendo hacia algo entre la felicidad y la tranquilidad. De repente, vi como muchos puntitos blancos se acercaban a mí. Venían caminando en dirección contraria a la mía, y cuando nos acercamos lo suficiente entre nuestros caminos, distinguí que eran patos. Muchos patitos, meneándose graciosamente de un lado a otro, todos juntitos. Se veían felices, y, a diferencia mía, ellos parecían saber exactamente a dónde iban. Algunos se desviaban en diferentes direcciones. Entonces vi que, al igual que mi pato, todos llevaban notas amarradas a su pata izquierda. Me quedé parada pues todos los patitos pasaron al rededor de mí, me quedé en medio de ellos esperando a que terminaran su desfile a mi rededor, no quería pisar a ninguno de ellos; imagínate, qué tal que alguien no recibiría su 'Cuac' por mi culpa.
- No. Mejor dejo que pasen.-
Uno a uno fueron pasando y, cuando ya estaban atrás de mí, voltee un momento para verlos todos en bola, y seguí mi camino.
Seguía sin saber cuál era mi camino, lo único que sabía es que todo iba a estar bien, pues alguien me quería; alguien me amaba. Lo único que hacía falta, era un simpático y sencillo 'Cuac'.